Cada nutricionista dice una cosa… ¿A quién me creo? 

 marzo 23, 2023

By  Irene

Citar estudios se ha puesto de moda. Blogs, youtube, Instagram, twitter… ahora lo raro es ver recomendaciones que no vengan acompañadas de algún estudio. Da igual si el gurú está diciéndote que desayunes bacon y que la fruta causa hígado graso: te lo dice con la seguridad de la ciencia. Bueno… de lo que él piensa que es ciencia. Incluso los profesionales parecen confusos y cada nutricionista dice una cosa distinta. ¿A quién nos creemos entonces? ¿Cómo saber si estamos ante un gurú o un divulgador que conozca el método científico?


Cómo reconocer a gurús de la nutrición

Lo ideal sería analizar si lo que dice la persona está respaldado por la evidencia científica, pero si no tenemos tiempo ni experiencia en el tema, o tenemos dudas, las claves para confiar en el divulgador serían las siguientes:


1. Sus argumentos son lógicos

Y por lógica me refiero a la ausencia de falacias (aunque la ausencia completa es casi imposible, al menos que no sean mayoría).

Ejemplo de argumento NO lógico: "el colesterol forma parte de las membranas celulares y es esencial para la vida, por lo tanto no importa si tienes niveles altos de colesterol". Este argumento es falaz porque hace una deducción incorrecta: por mucho que el colesterol sea necesario para la vida, no significa que sus niveles en sangre no importen.

Ejemplo de argumento lógico válido (pero que no se corresponde con la realidad, es sólo un ejemplo): "el colesterol es un nutriente esencial que no podemos sintetizar y que sólo se encuentra en alimentos animales, por lo tanto es necesario consumir animales". En este caso la deducción es correcta, aunque se trata de una mentira en toda regla, ya que la premisa es falsa.

Es decir, nos la pueden colar aunque no haya falacias, pero al menos es un filtro bastante útil: todos los gurús utilizan este tipo de argumentos donde deducen cosas que no tienen sentido lógico.


2. Se citan estudios científicos, sus argumentos no se basan en experiencias personales o pacientes que ha tratado.

Aunque el citar estudios no nos garantiza nada si no sabemos interpretarlos, sí que debemos sospechar de los gurús que se basan en casos milagrosos, su experiencia de curación personal o sus propios pacientes.

Que una persona haya mejorado tras seguir X dieta no nos dice absolutamente nada, ya que no conocemos todos los datos ni se trata de un experimento controlado. Tras un cambio de dieta, la persona puede mejorar sus síntomas por una infinidad de causas. La más común es que se suele perder peso y esto mejora nuestra energía, el control de la glucosa, el colesterol, etc. Otra muy común que ocurre en dietas carnívoras/keto/paleo es la mejora de síntomas digestivos, ya que estamos eliminando la fibra y los FODMAPs, reduciendo la actividad de la microbiota al mínimo. Todo esto no quiere decir que estas dietas sean saludables ni que curen enfermedades; simplemente tapan síntomas o la persona mejora por otra razón totalmente diferente a la que el gurú predica.


3. Analiza sus creencias con la misma rigurosidad que analiza las del oponente.

Por ejemplo, si un gurú predica que las grasas saturadas son saludables, probablemente rechace todos los estudios que relacionan grasas saturadas con mayor mortalidad, ya que “correlación no es causalidad”. Sin embargo, acto seguido te presentará estudios observacionales donde “niveles muy bajos de colesterol LDL se relacionan con mayor mortalidad en personas hospitalizadas”; o sea, ¡una correlación! El gurú escoge los estudios que apoyan su hipótesis sin ningún filtro y critica todos los demás.


4. Está abierto al debate y conoce los argumentos en contra.

Normalmente, las “religiones nutricionales” se centran en su propia visión y no comentan estudios o argumentos que están en contra. Por ejemplo, nunca verás a un ketogurú citando este paper del panel de consenso de la Sociedad Europea de la Aterosclerosis. También me he encontrado con gurús-antifruta que al parecer nunca han visto un paper que demuestre que la fruta protege contra la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes y el hígado graso.

En cambio, un buen divulgador está abierto a debatir. Conoce las controversias y los argumentos en contra de su postura, y sabe rebatirlos.


5. Su visión NO se basa en “posibles mecanismos biológicos”

Me explico: a muchos divulgadores (yo incluida) nos tienta explicar los por qués de las cosas. Si mi teoría es que “la fruta causa hígado graso”, intento buscar una explicación biológica: la fructosa se metaboliza en el hígado y se puede transformar en grasa hepática, la cual se relaciona con mayor resistencia a la insulina. Puede que incluso cite estudios con ratones donde se les administra jarabe de fructosa en una dieta hipercalórica y estos desarrollan hígado graso.

El error está en pensar que las explicaciones biológicas tienen alguna validez sobre la causalidad (profundizaremos en esto más adelante). Normalmente, estas explicaciones son hipótesis, los estudios se han hecho con animales o se está simplificando el tema tanto que no son ni relevantes. Saber cómo funciona la biología es interesante para explicar las cosas, pero lo que de verdad importa a la hora de deducir causalidad son los estudios clínicos y epidemiológicos. En el caso de la fruta, no existen estudios que relacionen el consumo de fruta con mayor riesgo de hígado graso. Bueno, alguno hay... pero su diseño es terrible.


6. No rechaza los paneles de expertos y organismos oficiales “porque nos engañan”.

Sí, hay lobbies influyendo en las decisiones del gobierno, hay estudios pagados por cocacola y hay organizaciones como la AHA o la Sociedad Española de Ateriosclerosis que reciben financiación de grandes empresas con intereses. En este artículo yo misma escribí sobre la gran influencia que ejerce la industria del huevo en los estudios científicos sobre huevos y cómo esto ha modificado la opinión pública. La industria cárnica tampoco se queda atrás tapando su impacto medioambiental...

Vamos, que el mundo es un desastre por culpa de los intereses económicos.

Esto no significa que las recomendaciones oficiales sean “para enfermarnos” y que debamos sospechar de todo lo que digan los organismos de la salud. En la mayoría de casos, los paneles de consenso están formados por expertos con un conocimiento muy amplio sobre el tema, estadística, epidemiología y método científico. Estas personas revisan cientos de papers para llegar a un consenso sobre el grado de evidencia que hay en un determinado tema.

Realmente, no se me ocurre una mejor forma de llevar la ciencia a la práctica clínica. Aunque no sea infalible, lo cierto es que es mucho más fiable que fiarte de una persona que se ha leído cuatro papers y desafía las recomendaciones de estos paneles de consenso. Más aún cuando luego citan evidencia que ha sido pagada por la industria cárnica, láctea o del huevo… cero sentido todo esto.

cada nutricionista dice una cosa


7. No tiene una visión favorable sobre pseudociencias

Una última recomendación sería fijarnos en si la persona predica alguna pseudociencia, porque esto nos indicaría que desconoce por completo el método científico.

Algunas pseudociencias típicas en el mundo de la nutrición:

  • Homeopatía
  • Ayurveda
  • Earthing (conectar a tierra)
  • Psiconeuroinmunología
  • Dieta alcalina
  • Dieta disociada
  • Dieta del grupo sanguíneo


En fin... creo que si tenemos en cuenta estos 7 puntos habremos filtrado el 90% de los gurús que nos podamos encontrar, o al menos los más peligrosos. Ahora bien, incluso divulgadores y nutricionistas honestos pueden diferir en sus recomendaciones. El siguiente paso para acercarnos a la verdad sería aprender a interpretar los estudios.

¿Quieres saber cómo? ¡Sigue leyendo en el siguiente artículo!


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  1. En serio consideras el earthing una farsa (supongo que es a lo que te refieres) y la PNI pseudociencias…? En el resto estoy plenamente de acuerdo

    1. Hola Victor! Muchas gracias por el comentario. Antes de nada una aclaración: pseudociencia no se refiere a si algo es verdadero o falso o si funciona o no, pseudociencia es cualquier práctica que intenta parecer científica pero NO sigue el método científico. Con esta definición, el earthing es claramente una práctica pseudocientífica que utiliza conceptos de física (ej. conectar a tierra un sistema eléctrico) pero los distorsiona para explicar un supuesto efecto curativo de caminar descalzo en la naturaleza. Nuestro cuerpo intercambia electrones prácticamente con cualquier cosa que tocamos, no es necesario descalzarse para ello; aparte que el supuesto efecto curativo de este flujo de electrones neutralizando ROS no tiene ninguna plausibilidad biológica (y, por supuesto, no hay ningún estudio que lo demuestre). Los efectos beneficiosos de caminar descalzo en la naturaleza pueden explicarse perfectamente por efecto placebo.

      En cuanto a la PNI, se lo comenté también a Carme: la PNI es un mezclote de nutrición, psicología y varias prácticas pseudocientíficas que pueden variar dependiendo de dónde estudies el curso, desde medicina ortomolecular, equilibrio ácido-base… hasta cómo la mente crea la enfermedad. Aunque hay algunos cursos más serios que otros, desde luego; pero en general muchas de sus "terapias" suelen rozar la pseudociencia o simplemente no están bien estudiadas todavía. El resultado es gastar un montón de dinero en suplementos innecesarios.

  2. Me encantas. Muy arriesgado lo de la PNIE como pseudo-ciencia, pero lo reviso, por supuesto. Hay que cuestionarlo todo, di que si!

    1. Gracias Carme! El problema que yo veo con la PNI es la aplicación clínica. Por ahora hay pocos estudios y sin embargo ya tenemos formaciones de especialización en esta materia, algunas más serias que otras, pero en general meten mucha pseudociencia por el medio. O sea, una cosa son los estudios científicos sobre la relación mente/cuerpo/hormonas etc. y otra la formación en PNI como disciplina, que se aleja bastante de la ciencia (con asignaturas como medicina ortomolecular, equilibrio ácido-base, oligoterapia… y hasta cómo la mente crea la enfermedad, según dónde estudies el curso).

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